'San Bonito': de solar abandonado a productiva huerta urbana en seis meses

Este modelo de espacio agroecológico se extenderá por todo el municipio lagunero

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Una agricultora urbana del huerto 'San Bonito'.'
Una agricultora urbana del huerto 'San Bonito'.'

La Laguna está impulsando la agroecología con las huertas urbanas, que brotarán en todos los pueblos y barrios del municipio dada la gran demanda vecinal y el éxito que está teniendo la de San Benito, en la que participan 40 vecinos desde hace varios meses. Hace seis meses era un solar en un estado lamentable y ahora produce cosechas de verduras y hortalizas ecológicas y tiene hasta nombre: ‘San Bonito’.

La Asociación de Mayores Pico Cho Canino de Finca España ha transmitido su interés de poner en marcha una huerta social y comunitaria en este barrio lagunero, una propuesta que estará especialmente diseñada para mejorar la calidad de vida de las personas mayores.

Carmen Jiménez, una de las usuarias de la huerta de ‘San Bonito’, se inició en este campo con el huerto escolar del CEIP de La Verdellada, donde fue maestra. “Esto ha sido un auténtico regalo, porque pasar de mucha actividad a la jubilación, se nota, y aquí he podido conocer a gente que sabe muchísimo y de la que se aprende cada día, pero también, hacer compañeros y amistades y contar con un apoyo importante”. Carmen tiene plantado lo que consume en casa, “lechuga, colinabos, zanahorias, guisantes… Nada sabe igual que lo que cultiva uno mismo y el sabor ecológico es completamente diferente”

Laureano Lorenzo, otro de los usuarios, explicó que “siempre me ha gustado la agricultura, pero no daba para vivir. Fui conductor de guaguas y, desde que me jubilé, me había dedicado a buscar cosas para entretenerme. Me enteré de este proyecto y me apunté, con la suerte de que me llamaron al poco tiempo, porque al principio no había tanta gente. Lo más bonito es la amistad con los vecinos. Nos ayudamos unos a otros”. Mis hijas me dicen ¿saliste del campo tras toda una vida trabajando y ahora vuelves? Esto es una forma de vida y aquí hablamos, compartimos y plantamos los productos que nos gustan”, señaló América Díaz Mejías.

Esta iniciativa quiere ser una propuesta terapéutica y promotora de salud, para mejorar la calidad de vida de las personas mayores, promover un envejecimiento activo en contacto con la naturaleza y convertir este terreno entre edificios, otrora abandonado, en un pulmón agroecológico donde luchar contra la soledad, compartir experiencias, fomentar los vínculos intergeneracionales y comunitarios y avanzar en el autoconsumo agroecológico y en soberanía alimentaria ciudadana.

De hecho, este proyecto apuesta por las huertas comunitarias como espacios capaces de dar respuesta a una gran variedad de necesidades, como las psicosociales o de salud. De hecho, las huertas urbanas son un recurso cada vez más habitual en la atención al colectivo de personas mayores y constituyen una importante herramienta para combatir la soledad no deseada y ciertas patologías, ya que la horticultura permite el desarrollo de la memoria, la motricidad, la autoestima o el establecimiento de vínculos con un grupo de personas con el que comparten retos y logros.

Durante 6 meses, vecinos y vecinas han transformado esta superficie olvidada en una zona de cultivo comunitaria de 870 metros cuadrados, a la que se añaden otras dos parcelas grandes y reservadas para el CEIP San Benito y para la Asociación AFES Salud Mental, que permitirán compartir experiencias y conocimientos, estudiar las propiedades terapéuticas y los beneficios para el refuerzo de la cohesión social que supone este tipo de iniciativas.

Esta huerta urbana cuenta con todos los recursos, como invernadero, vivero, compostera, suministro de agua, además de parcelas para que cada persona pueda cultivar sus verduras y hortalizas, para lo que han recibido formación durante meses y cuentan con todo el asesoramiento y apoyo necesario, con la colaboración e implicación de la Asociación MAYE (Movimiento, Autogestión y Educación).

Incluye bancales elevados, también algunos adaptados para las personas con discapacidad, especialmente con movilidad reducida, así como un jardín canario y de plantas aromáticas para atraer a polinizadores o un espacio común para compartir comidas y charlas.

Los objetivos generales de la iniciativa incluyen generar comunidades sanas, solidarias y sostenibles, con una cultura de la participación y la solidaridad vecinal hacia colectivos vulnerables; facilitar un marco de referencia hacia la salud preventiva, que pueda hacer frente a la coyuntura actual y futuros imprevisibles en este sector vulnerable; identificar y diagnosticar realidades ocultas por falta de participación social, así como formar en conocimientos sobre alimentación sana y sistema inmune, plantas medicinales, gestión de residuos, etcétera.

Durante estos meses, se ha ofrecido a las personas participantes todos los recursos, materiales y conocimientos acerca de la permacultura y la agricultura ecológica, con una apuesta por el reciclaje y el reaprovechamiento, así como sobre gestión de plagas, poda de frutales o fertilizantes caseros.

Además, se ha trabajado en la dimensión psicosocial y cultural del proyecto, con aspectos como la educación para la salud física, mental y emocional; la creación y consolidación del tejido comunitario; la toma de conciencia sobre los recursos del entorno y su aprovechamiento colectivo; la recuperación y conservación del patrimonio, así como la adaptación del proyecto a las necesidades reales de las personas beneficiarias y un mapeo básico de necesidades urgentes y de sostenibilidad de los objetivos a largo plazo.