La isla lagunera que (afortunadamente) nunca existió

El boom turístico de la costa lagunera hizo soñar con la posibilidad de crear un complejo vacacional artificial frente a la costa de Bajamar

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Reproducción de la noticia publicada en Diario de Avisos, en su edición del 11 de junio de 1978.

Pedro Marrero | marrero@pedro

Tiramos de hemeroteca de nuevo. Lo hicimos no hace mucho para recordar lo que fue la costa lagunera. Concretamente la de Bajamar y La Punta, destino turístico habitual durante la década de los 70.

Hoy lo hacemos para fantasear con lo que pudo ser si llega a tomar forma una iniciativa colosal que haría surgir frente a la playa de El Arenal todo un complejo turístico y residencial con capacidad para algo más de 6.000 habitantes.

Una isla de casi 800.000 metros cuadrados. La mitad para alojamiento de los turistas, con edificios de hasta cuatro plantas, y el resto para carreteras y caminos de uso público, más centros recreativos y comerciales y espacios verdes.

A la izquierda, el proyecto de isla. A la derecha, vista actual de la playa de El Arenal.

Un proyecto fantástico, literalmente, que incluso podría haber tomado el nombre de San Borondón, la isla mágica, augurando así el desenlace de semejante plan, tan descabellado como ilusionante.

El periódico Diario de Avisos se hizo eco del proyecto en su edición del 11 de junio de 1978, algunos años después de que la iniciativa fuese valorada por un grupo de promotores.

Estos empresarios consideraban que la playa de El Arenal era una zona poco aprovechada y con un enorme potencial, y la idea que maquinaron para convertirla en un atractivo turístico más de la zona fue, nada más y nada menos, que construir enfrente una isla artificial, casi tan aparatosa como las que hoy vemos en las costas de Dubai.

Era la época dorada de Bajamar y Punta del Hidalgo, la recta final del franquismo y el alcalde de La Laguna era José Antonio De la Torre. El proyecto llegó a avanzar lo suficiente como para materializarse en planos y documentos, y ser presupuestado: 1.200 millones de las antiguas pesetas y cuatro años de obras. Un reto asumible. Pero, afortunadamente, descartado y olvidado en una gaveta.

Cuesta imaginarse que habría sido hoy de semejante despropósito urbanístico frente a la costa de Bajamar. Pasan los años y El Arenal, en cambio, sigue en punto muerto, esperando por esa gran intervención que la revalorice como playa estupenda que es.