"El nuevo edificio en Nava y Grimón es otro golpe al patrimonio histórico lagunero"

El historiador Álvaro Santana Acuña se muestra muy crítico con una construcción "irrespetuosa con el entorno histórico"

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Fachada del nuevo edificio de la calle Nava y Grimón.
Fachada del nuevo edificio de la calle Nava y Grimón.

Álvaro Santana Acuña, historiador, sociólogo y profesor del Whitman College e instructor del Harvard Summer School, ha criticado con dureza la gestión del patrimonio histórico de La Laguna. Concretamente, se ha referido al nuevo edificio de la calle Nava y Grimón, cuya construcción ha generado mucha controversia.

Santana Acuña, que en los últimos años ha cuestionado reiteradamente la política patrimonial del municipio, ha publicado el siguiente comunicado poco después de que la Gerencia de Urbanismo defendiera el edificio en cuestión:

Álvaro Santana Acuña
Álvaro Santana Acuña.

“A comienzos de febrero de 2017, alerté de la inminente demolición del edificio en el número 6 de la calle Nava y Grimón en el centro histórico de La Laguna. Era una casa construida en la primera mitad del siglo XX, cuyo estilo ecléctico respetaba los estilos artísticos de los edificios vecinos, como el Palacio de Nava, el Casino y dos viviendas modernistas con balcones de cristal. En definitiva, la antigua casa del número 6 no desentonaba con el entorno, sino que se adaptaba a él, creando una zona hermosa y armónica de arquitectura. Era también un tramo de calle muy fotografiado por su cercanía a la plaza del Adelantado y al Palacio de Nava, que es una de las viviendas más celebradas del arte canario y que, por cierto, hoy sigue cerrada y arruinándose.

En 2017, tras examinar el proyecto del arquitecto, avisé de que el respetuoso edificio del número 6 sería reemplazado por otro que iba a deformar el entorno, atentando contra su armonía. Más grave aún era que el nuevo edificio destruiría los jardines y la huerta trasera, con lo que se perdía otro histórico espacio verde de la ciudad. Vecinos y políticos, como el portavoz de Unid@s Se Puede, Rubens Ascanio, criticaron la demolición de la casa. 

 

Antes y después de la construcción. / Google maps y Grafcan
Antes y después de la construcción del nuevo edificio de la calle Nava y Grimón. / Google maps y Grafcan

Hace unas semanas, la retirada de los andamios sobre la fachada demostró que el edificio final y el volumen construido son aún más irrespetuosos con el entorno y el patrimonio lagunero de lo inicialmente proyectado. 

La gerencia de urbanismo ha rechazado otra vez asumir su responsabilidad por este nuevo golpe al patrimonio histórico, alegando que el nuevo edificio cumple la «normativa vigente». Pero la gerencia sigue sin reconocer que esa normativa es el Plan Especial de Protección (PEP) del centro histórico, criticado por vecinos y expertos desde hace más de 15 años. Durante ese tiempo, los políticos de turno han usado el PEP según sus intereses, descatalogando edificios y espacios verdes de altísimo valor histórico. Con esa normativa vigente se han «legalizado» actuaciones gravísimas e irreversibles en el centro histórico, como en el callejón de Maquila, la plaza de la Catedral, el juzgado de la plaza del Adelantado o la demolición de numerosas casas terreras.

Como en situaciones anteriores de destrucción patrimonial, la gerencia de urbanismo de nuevo falta a la verdad al decir que la casa en el número 6 de Nava y Grimón carecía de valor histórico y patrimonial. Un informe de la Unidad de Patrimonio de Cabildo de Tenerife del 22 de enero de 2017 recomendó la paralización cautelar del derribo y pedía la catalogación y la protección de la casa y de su parcela de más de 1500 metros cuadrados por tener elementos patrimoniales valiosos. El ayuntamiento desoyó las recomendaciones de los técnicos del Cabildo y, usando la normativa del PEP, la gerencia de urbanismo autorizó la demolición integral de la casa y la eliminación completa de todas las zonas verdes. 

Antes de llegar al poder, el PEP fue criticado por miembros del tripartito de partidos que hoy gobierna el ayuntamiento lagunero. Incluso, la reforma del PEP se incluyó en los programas electorales de varios de estos partidos. Cuatro años después, la realidad es que el PEP no se ha reformado, sino que el tripartito se ha convertido en uno de sus grandes defensores. Y defiende el PEP a pesar de que en julio de 2022, ICOMOS, organismo asesor de la UNESCO en asuntos patrimoniales, volvió a advertir al ayuntamiento de que las nuevas obras en el centro histórico, usando la normativa del PEP, atentan contra el patrimonio mundial lagunero. 

Gestionar el urbanismo de un centro histórico, más aún si es Patrimonio de la Humanidad, no consiste tan solo en tramitar licencias, sino en asegurarse de que los nuevos edificios son de calidad y mejoran la arquitectura existente y la ciudad en su conjunto. Por ejemplo, la antigua fachada de la Catedral de La Laguna se mejoró porque para construir la actual se usó como modelo la fachada de la Catedral de Pamplona, diseñada por Ventura Rodríguez, uno de los arquitectos españoles más importantes del siglo XVIII. Hoy, la fachada de la catedral lagunera es motivo de orgullo para la ciudad, y centenares de turistas la fotografían cada año.

La triste realidad es que la construcción del edificio en la calle Nava y Grimón prueba, otra vez, que el centro histórico se está llenando de edificios de una enorme pobreza estética y una profunda ignorancia del lugar en que se construyen. Son edificios de una arquitectura mediocre y disonante que se nos vende como «diseño contemporáneo» pero que, dada su mala calidad, no aportan nada al rico patrimonio de La Laguna. 

Ciudades históricas como Bilbao o Sevilla han autorizado obras contemporáneas que son un reclamo artístico y turístico. Pero en La Laguna, el edificio del número 6 en la calle Nava y Grimón o el nuevo juzgado de la plaza del Adelantado no son ni atractivos turísticos ni obras de las que una ciudad Patrimonio Mundial pueda sentirse orgullosa. Al contrario, son edificios que los turistas evitan fotografiar y que indignan y avergüenzan a muchos laguneros. 

Frente a la política del «todo vale» defendida por la gerencia de urbanismo, la solución para el centro histórico lagunero pasa porque la ciudadanía exija la creación de un patronato independiente y apolítico. Ya lo tienen ciudades españolas como Santiago de Compostela y Granada y otras tantas ciudades en el extranjero. Estos patronatos permiten una gestión respetuosa y coherente del patrimonio histórico, ajena a los intereses del político de turno. Sin este patronato, las calles y las plazas de La Laguna se seguirán llenando de edificios vulgares que solo sirven para destruir para siempre valiosas zonas verdes y patrimonio histórico”.