El jardín canario de San Lázaro, un santuario donde la vida se abre camino

Andrés Pérez nos acompaña en esta visita a un espacio verde en el que conviven más de 160 especies de plantas autóctonas

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Andrés contempla su obra ante un drago, una de las atracciones del jardín canario de San Lázaro. / Pedro Marrero
Andrés contempla su obra ante un drago, una de las atracciones del jardín canario de San Lázaro. / Pedro Marrero

 

Pedro Marrero | @marrero_pedro

La vida se abre camino, aunque muchas veces nos esmeremos en impedirlo. El jardín endémico del lagunero barrio San Lázaro es un ejemplo. Más de dos décadas después, “unos 23 años”, calcula Andrés Pérez, uno de los creadores de este espacio verde y actualmente uno de los conservadores del mismo. “Prefiero llamarlo jardín canario. Hemos reunido más de 160 especies de plantas de todas las islas en unos 3.000 metros cuadrados”, comenta.

Algunas especies autóctonas eligen este jardín para anidar.
Especies autóctonas eligen este jardín para anidar. / P. M.

Cada especie, ya sea un robusto drago o un simple brote de tagasaste, está ubicada en un lugar estratégico: en la parte más alta del jardín, las de monte; y en la zona más baja, las plantas características de la costa. Todo está creado con tal esmero que hasta los pájaros se han decidido a anidar en este auténtico bosque canario. “Ahí hay un nido”, señala entusiasmado Andrés, que no puede ocultar su orgullo por “el mejor trabajo que he tenido en mi vida”, asegura.

Y no lo han tenido fácil los vecinos que hace un par de décadas se decidieron a plantar unos árboles que ahora superan los ocho metros. “El más alto que plantamos medía medio metro como mucho. Cada vecino plantó uno. Ha sido un gran trabajo. Incluso los primeros años yo pagaba el agua en verano. Pero tampoco podemos regar demasiado porque acostumbramos a los árboles y sus raíces se debilitan. Tenemos que dejar que él busque agua haciendo sus raíces más profundas”, cuenta Andrés Pérez mientras no salimos de nuestro asombro.

Más de 160 especies de plantas conviven en el Jardín de San Lázaro.
Más de 160 especies de plantas conviven en el Jardín de San Lázaro. / Pedro Marrero

Una de las peculiaridades de este Jardín Endémico es que en su mantenimiento no se utiliza ningún producto fitosanitario. “Solo regamos y limpiamos algunas hierbas. Pero realmente esto es como un vivero. Si nos fijamos en el suelo los brotes son de las mismas especies”, añade el cuidador mientras camina y se adentra en una zona que parece sacada del mismo monte de las Raíces. “Hay gente que viene a recoger la pinocha”, comenta.

Andrés sostiene una babosa autóctona.
Una babosa autóctona. / P. Marrero

“Mira, hemos tenido suerte”, celebra, “una babosa autóctona”, a la que trata con mimo mientras el minúsculo animal se desliza sobre su mano y extiende sus diminutos cuernos, para luego ser depositada de nuevo en su entorno natural. Nadie la puso ahí. Nació en el jardín, como los polluelos que piaban en el pequeño nido, o como los mirlos que apenas se dejaron ver. “Sí, están ahí”, señala Andrés, cuyos ojos están acostumbrados a distinguir a los habitantes de la arboleda.

Cada especie está identificada.
Cada especie está identificada. / P. M.

“Ahora, con la pandemia, no hay muchas visitas”, lamenta Andrés, “pero antes venían hasta los estudiantes. Un profesor solía dar sus clases aquí. Una vez vino un alemán y escribió un libro sobre las especies que tenemos en el jardín. Estuvo seis meses y yo aprendí un montón”, relata. “Hace poco tuvimos una reunión con el concejal y los técnicos y esperamos que nos ayuden a adaptarlo para personas que con movilidad reducida”, añade con cierto recelo, ya que tanto él como el resto de vecinos que han cuidado este maravilloso espacio esperaban algo más de las instituciones cuando decidieron dar este paso.

Un ejemplar de almácigo, cuyos líquenes amarillos reflejan la buena calidad del aire.
Un ejemplar de almácigo, cuyos líquenes amarillos reflejan la buena calidad del aire. / Pedro Marrero

La auténtica arboleda por la que paseamos, algunos de cuyos ejemplares han sido declarados en peligro de extinción, nos protege del viento que ha venido acompañando a la calima, así como amortigua el ensordecedor sonido de la autopista del norte, que se encuentra a pocos metros. Un detalle a destacar, por si alguien duda aún de la utilidad de los árboles más allá de ser productores de sombra. “Hace muchos años propusimos poner árboles en las autopistas para amortiguar el ruido y para la regeneración del aire. Los líquenes salen cuando el aire es de calidad”, explica Andrés. Por si esto fuera poco, entre el más de centenar y medio de especies de plantas están algunas que dan unos frutos exquisitos, y otras muchas son medicinales.

Un gran tizón tinerfeño, obra de Andrés Pérez, ‘vigila’ una pequeña fuente rodeada de brotes de plantas autóctonas. / P. M.

Una gran escultura de tizón tinerfeño es una de las atracciones del lugar. Todo un imán para los más pequeños. La imagen parece vigilar una pequeña fuente rodeada de macetas en las que crecen pequeños brotes de especies autóctonas que Andrés ofrece a distintas iniciativas similares. “O simplemente a quien quiera plantarlas en el jardín de su casa”, explica. Concluimos la visita al Jardín Endémico de San Lázaro con una única decepción: una lata de refresco y un paquete de tabaco. Andrés lo recoge lamentando la conducta de quien o quienes lo han arrojado al interior de este auténtico santuario.

[NOTA] Las visitas en grupo al jardín endémico de San Lázaro, ubicado junto al centro ciudadano del barrio en calle La Jara, están ahora restringidas debido a la pandemia, pero a través de nuestro correo de contacto (infolalagunatf@gmail.com), te podemos facilitar el contacto de Andrés Pérez, que se prestará gustoso a enseñar, si la situación sanitaria lo permite, una obra natural merecedora de todo tipo de reconocimientos medioambientales.