Cómo aprender a tocar el violín sin estudiar solfeo

Conocemos Barrios Orquestados, un proyecto social con fines artísticos que trabaja con niños de núcleos periféricos de Canarias, como La Cuesta

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Juan Gonçalves imparte una clase a un grupo de alumnos de Barrios Orquestados de La Laguna.
Juan Gonçalves imparte una clase a un grupo de alumnos de Barrios Orquestados de La Laguna.

Por Pedro Marrero | @marrero_pedro

Tocar el violín, esto es, extraer música de él y que suene bien, es posible sin aprender solfeo. Ahora que ya tenemos su atención tras semejante, osada y categórica afirmación, le explicamos cómo. Más bien nos lo explica Juan Gonçalves, profesor de música del proyecto Barrios Orquestados, que atendió esta semana a nuestro digital en el CEIP Fernando III El Santo de La Cuesta, la sede lagunera de este interesante programa de enseñanza musical que abarca todas las islas y que, por cierto, es gratuito.

La metodología es, sencillamente, sorprendente y, lo más importante, efectiva. “Empezamos con un ejercicio de expiración, de conciencia corporal. Luego pasamos a un ejercicio rítmico sonoro muy dinámico, en el que cada nota recibe un gesto o icono postural. Cada nota es una representación filosófica. La última media hora de clase ya es instrumental. No hace falta saber música. Los niños no saben leer partituras. Trabajan siempre de memoria y nos hemos dado cuenta de que el sistema funciona, ya que tocan piezas de una gran complejidad”, explica Juan Gonçalves.

De momento, ya que al día siguiente de atendernos, Gonçalves y sus compañeros acudieron a entrevistar a una veintena de candidatos, Barrios Orquestados en La Laguna enseña música (solo instrumentos de cuerda frotada y canto) a 40 alumnos separados en dos grupos de 20 por edades. “Tenemos alumnos de 19 años que permanecen y que están desde el principio”, añade el profesor, que trabaja en el proyecto desde 2017.

Luego están los familiares. Padres y madres que reciben con los brazos abiertos una gran oportunidad para sus hijos, y que además encuentran en Barrios Orquestados un lugar donde aprender a cantar. “Los familiares se involucran mucho. También reciben clases además de información sobre cómo evolucionan sus hijos. A los niños les encanta que sus padres participen. Algunos están incluso en nuestro coro”, prosigue Juan mientras comienzan a llegar algunos alumnos y Gisela Rodríguez, otra de las profesoras del proyecto, empieza a organizar su clase de sensibilización musical. “Tenemos dos conciertos al año donde actúan los padres con los niños. En el Teatro Leal llegamos a ser 140 personas en el escenario. Pero es que en Gran Canaria, donde tenemos seis barrios, actuamos 400 personas a la vez. Es algo descomunal”, se enorgullece Gonçalves.

Y no es para menos. Los resultados avalan el sistema de Barrios Orquestados. “No éramos conscientes de la repercusión y evolución de los alumnos. Empezamos con un proyecto piloto de tres meses y ya llevamos nueve años. Aprender a tocar un instrumento requiere una gran disciplina y concentración. Es una de las cosas más difíciles de realizar y ahora tenemos alumnos becados estudiando en Viena”, afirma.

Los alumnos de Barrios Orquestados no suelen dejar el proyecto. Simplemente porque les cambia la vida. Cuando cumplen la mayoría de edad siguen demandando formación, por lo que está en vías de creación una nueva orquesta para cubrir esta necesidad. “En este caso sí que lo orientamos hacia la partitura. Pero al controlar pedagógicamente la formación desde el principio, nuestro método facilita el aprendizaje y hace que sea menos difícil leer partituras”, expone mientras prepara su inminente clase.

Mar Iborra e Ignacio Gómez, alumnos de Barrios Orquestados La Laguna.
Mar Iborra e Ignacio Gómez, alumnos de Barrios Orquestados La Laguna.

Uno de los alumnos de Barrios Orquestados en La Laguna es Ignacio Gómez. A sus 11 años ya lleva dos en el proyecto y se muestra feliz de poder formar parte de una gran familia musical: “Es una gran oportunidad para quien quiere aprender a tocar un instrumento. Me gusta mucho estar aquí y he hecho muchos amigos. Siempre me gustó la música y estoy aprendiendo mucho para algún día poder componer mis propias canciones”.

Mar Iborra es una de las veteranas de la clase. “Llevo seis años y ahora tengo 15. Cuando hicieron la presentación en el colegio no me lo pensé dos veces. Mi madre no se lo pensó al ver que era gratuito. Estaba muy emocionada y me pusieron con el grupo de lo grandes nada más empezar”, afirma. Mar reconoce el efecto positivo que la música ha ocasionado en su proyección académica: “Antes me costaba mucho concentrarme y estudiar. La música me ha ayudado mucho a aprender a concentrarme. Además he conocido mucha gente que son como una segunda familia. Es un proyecto que te acoge y no importa cómo seas ni los problemas que tengas. Siempre está ahí mi madre se enteró que podía cantar con nosotros y ahora está en el coro”.

El proyecto Barrios Orquestados ha crecido por las islas dado el éxito de su metodología. Es gratuito y depende de muchos patrocinadores, incluidos ayuntamientos, aunque la lentitud en la entrega de las subvenciones preocupa a los profesores, ya que es una actividad que suscita una gran acogida allá donde aterriza y cuya demanda va en aumento. De hecho, esta iniciativa ya ha traspasado las fronteras regionales y nacionales. Y es que la música, como idioma universal, no tiene barreras.